Domina tu vida

27 Oct

¿Cuántas veces nos hemos sentido dominados por las circunstancias?

La respuesta es en innumerables ocasiones, sin embargo, en todas y cada una de ellas era posible dominar nuestras respuestas y actitudes para enfrentarlas, por lo que me gustaría compartir contigo algunos consejos para atraer el dominio de las circunstancias, antes que éstas te dominen a ti.

A veces vemos la adversidad como algo malo e inmerecido, y reaccionamos ante ella según nos encontremos programados. Actitudes como la derrota, la paralización, el sufrimiento, la autocompasión, entre otras, saltan de una vez, poniendo el control fuera de nosotros.

No obstante, grandes hombres y mujeres han encontrado su fortaleza en las adversidades, siendo un gran ejemplo de ello, Helen Keller, quien con sólo meses de edad quedó sordociega, sin que ello fuese un obstáculo para que pudiera aprender a hablar, graduarse con honores de la Universidad, hacer diversas publicaciones, recolectar dinero para personas discapacitadas, entre otras tantas actividades. Una de sus frases más impresionantes, que llegó a decir antes de morir, es la siguiente: “En estos oscuros y silenciosos años, Dios ha estado utilizando mi vida para un propósito que no conozco, pero un día lo entenderé y entonces estaré satisfecha.”

Para cambiar tu vida, puedes iniciar con algunos sencillos pasos:

1. Toma conciencia que no estás a merced de las circunstancias.

2. Analiza alguna situación que te ocasione molestia, angustia, sufrimiento, etc., y verificar si se la puedes cambiar o no. En lo personal, manejar me causaba estrés, analicé mis sentimientos y comprendí que tenía miedo a chocarme, ya que ello me quitaría tiempo mientras se deslindaba alguna responsabilidad; dinero para arreglar mi auto y el de la otra persona, en caso tal que yo tuviese la culpa; y, finalmente, tenía miedo de las consecuencias legales.

3. Si se trata de algo que puedas cambiar, hazlo. Volviendo a mi ejemplo, eliminé actividades que hacía mientras conducía, tales como hablar por celular o enviar mensajes de texto, y si era necesario, detenía el auto en lugares seguros. Puse mis cinco sentidos en lo que hacía y comencé a disfrutar del viaje.

4. Lo que no puedas cambiar, cambia tu reacción ante ello. Los malos conductores no los puedo sacar del camino, sin embargo, ahora les doy paso, y siento compasión por ellos, pues probablemente, sientan el estrés del cual yo me había liberado.

Ahora, busca papel y lápiz, y disponte a analizar esas áreas de tu vida que te angustian o molestan y haz la prueba siguiendo estos simples pasos.

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